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Esto somos:LAMITEA

ESCUDO LAMITEA

Somos los fieles Laicos Misioneros Teresianos Asociados, llamados por Dios para contribuir a la santificación del mundo desde dentro, a modo de fermento y manifestar a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad, estamos llamados a explicitar su carisma misionero, participando activamente en la Iglesia local y universal, inspirados en el carisma de la Congregación de Hermanas Misioneras de Santa Teresita del Niño Jesús.

LAMITEA está conformada por treinta comunidades de Laicos consagrados en los siguientes países:

Ecuador:

  1. Catamayo
  2. Celica
  3. Guadalupe
  4. Guayaquil
  5. Quito Norte
  6. Quito Sur
  7. Santa Rosa El Oro
  8. Comunidades en formación: Canelos y Cuenca 

Panamá:

  1. Ciudad de Panamá
  2. Torty 

Guatemala:

  1. Guatemala
  2. Comunidades en formación: Comalapa, San Guayaba y San Luis Puerta Negra

 

Bolivia

Colombia:

  1. Arjona
  2. Barranquillla
  3. Bucaramanga
  4. Carepa
  5. Caucasia
  6. Cartagena
  7. Ciudad Jardín
  8. Fontibón
  9. Girardota
  10. La América
  11. La Maruchenga
  12. La Tebaida
  13. La Victoria
  14. Lorica
  15. Planeta Rica
  16. Piendamo
  17. Santa Rosa de Osos
  18. Villa Miguel Angel
  19. Tolú
  20. Tunia
  21. Zaragoza
  22. Comunidades en formación: La Providencia

Nuestro fin como LAMITEA es participar de la misión apostólica de la Iglesia, explicitar la vocación bautismal por medio del testimonio de vida y de la acción misionera, según la doctrina de la Iglesia Católica, el Espíritu de Monseñor Miguel Angel Builes Gómez, fundador de la Congregación y las enseñanzas de Santa Teresita del Niño Jesús. Por ese motivo respondemos al llamado de Dios, intensificando su vocación cristiana a la santidad y a la acción no solo desde nuestra vida personal, sino también desde nuestras familias, amigos y trabajo.

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”

Este es nuestro lema, lo que nos mueve e inspira a cumplir cada día nuestro vivir misionero llevando La Palabra y transformando cientos de comunidades a través del evangelio. Vivimos en profundidad las exigencias evangélicas dando testimonio de una vida auténticamente cristiana y comprometida con los auxilios espirituales comunes a todos los fieles, especialmente la participación activa en la Liturgia de las Horas, La Eucaristía , la meditación de la Palabra de Dios y la frecuente recepción de los sacramentos con apostolados que impactan positivamente a los más vulnerables, como niños y adultos mayores con necesidad de la misericordia y generosidad de Dios en sus vidas.

Por eso, nuestra misión apostólica vive en intima unión con Cristo, el Misionero del Padre y con María Estrella de la evangelización, alimentando nuestra espiritualidad con el Espíritu de infancia espiritual que animó a Santa Teresita del Niño Jesús, sintetizado en la frase evangélica:

Si no os haceis como niños no entrareis en el reino de los cielos.

Desde la formación y consagración de cada Laico, la Santísima Virgen María, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción y Santa Teresita del Niño Jesús y de San Francisco Javier se convierten en nuestras patronas y modelos de santidad a seguir, siendo ellas mástil que mantiene nuestro barco misionero andando.

Las virtudes que aterrizan nuestra misión en el día a día de cada Laico Misionero Teresiano Asociado sin importar su ubicación en el mundo con la humildad, la prudencia, la austeridad y la penitencia que se representan en nuestro escudo, así como la caridad apostólica que estimula a Laico en su búsqueda de un mismo ideal: la gloria de Dios.

De este modo, el ser y el actuar en el mundo para los fieles laicos no es únicamente una realidad centrada en el hombre y la sociedad, sino también una realidad teológica y eclesial de estrecho y constante trabajo con la iglesia y la Congregación de Hermanas Misioneras de Santa Teresita del Niño Jesús inspirados por el Santísimo. En efecto, a los Laicos nos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el Reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según él mismo disponga.

Conócenos: